Y yo con estas pintas II

Después de haber perdido mi maleta – mi tesoro- durante tres interminables días, partimos hacia los fiordos noruegos.

El viaje duró tres días en que ví una naturaleza como jamás había contemplado antes. De hecho, había momentos en que me sentí empachada de tanta belleza, tanto verde, tan perfecto, la gente tan rubita, los niños tan tranquilos… Pasamos un día en una cabañita de madera rodeada de mar y montañas enorme. Idílico. Esa fue la palabra.

Al cabo dos días paseando en leggins y botas de montaña por el paisaje, en contacto con vacas y ovejas, llegamos por fin a la ciudad. A Bergen. Es la segunda ciudad más grande de noruega, pese a tener 250.000 habitantes, porque en Noruega no hay muchos noruegos. En realidad es que no hay mucha gente.

Por fin habíamos llegado a la civilización. Y muy bonita, por cierto. Todo el mundo es muy escandinavo con sus gafas de escandinavos y sus diseños tan austeros pero tan sorprendentes al mismo tiempo. Y yo podía lucir mis mejores galas porque al fin tenía mi ansiada ropa.

Pero la alegría de poder pasear por las calles de Bergen fue pasajera, pues había olvidado mis zapatos. Así que aquel monton de ropa no servía para nada. Literalmente.

Salimos del Gesthouse y lo primero que observo son decenas de establecimientos con la expresión mágica: final sale (remate final, vaya).
Y puse ojos de carnero degollado pues los tejanos establan a 15€. Y eran Cheap Mondays!!
-Venga, entremos y te compras unos.
-No…
-….?
-Vale!

Evidentemente los que estaban rebajados eran los de la talla 22 y la mil.

No pasa nada. Otra vez será.

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Y yo con estas pintas

En un principio pensé que estaba condenada a pasar los meses estivales dando vueltas por el Google Earth soñando con destinos paradisíacos. No obstante, la enrome generosidad de una suegra -y las ganas de ver a su hijo- me dieron la oportunidad de viajar a ese largo y vasto país llamado Noruega -Norge para los locals-.

Por fin llegó el día D.

-9 de agosto. 4:30 h.

Llegamos al aeropuerto de Gerona con tres maletas, dado que una de ellas había sido pagada como “equipaje extra” por un valor de 20€. De modo que eran tres maletas cada una con los siguientes pesos: 15, 12 y 18 kg.
Dado que una de ellas sobrepasaba los 15 kg estipulados por Ryanair como peso máximo, preguntamos al enjuto operador de la compañía irlandesa si prefería que transifiriésemos la carga a la maleta más ligera. A esta pregunta el blanquecino trabajador contesta: “da igual, porque el peso máximo POR-PER-SO-NA son 15 kilos, independientemente de los bultos”.

-5:00 h

Ciudadano noruego recién despierto-sin desayuno-con falta de sueño: “¿¿¿cómo?? XX!!!NMmvsopdnm!!! calaveras/rayos/truenos!!!!!”.

Tipo en el mostrador: “haberse leído la página 7 de las condiciones”
De modo que acudimos a la ventanilla de la compañía para preguntar las posibles alternativas dado que:
-en el aeropuerto  no hay consignas.
-el kg extra cuesta 15€; por lo que tendríamos que haber pagado 250€!!!!!!! lo que supone incrementar en un 50% el coste de los billetes, por lo que la siguiente idea fue comprar otro billete pero:
-”los billetes son para personas, no para maletas”, según dijo la amable azafata, quien ante mi cara de desesperación/cabreo sugirió: “poneos toda la ropa encima”.
Y así sucedió.
De modo que comencé mis vacaciones con 5 camisas de caballero/3 camisetas XXL y 4 cinturones (más el mío).
El resto de presentes/productos de limpieza/bebidas etílicas viajaron dentro de mi maleta a París con unas francesas que muy amablemente se ofrecieron para “no tirar las cosas a la basura”.

Después de todo este suceso rocambolesco, aterrizamos en Noruega con la satisfacción de haber superado un momento de gran crisis pues corría el peligro de no poder viajar ese día. Y allí frente a la banda donde pasan todas las maletas sucedió mi peor pesadilla: me perdieron la maleta.

De modo que toda mi ropa y accesorios de toda índole estaban en algún lugar entre Gerona y Noruega. Y yo, vistiendo XXL, deseando que no se convocara reunión social alguna para no tener que aparecer con esas pintas.

—–continuará——

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Las cibervacaciones

Hoy, leyendo el blog de una antigua compañera de clase -angelscodina.wordpress.com- me han asaltado dos ideas. La primera, abrir este blog. La segunda, que otro año más no tendré vacaciones y que, otro verano más tendré que soñar, en las artificialmente frías tardes de julio y agosto, con maravillosos destinos paradisíacos a través de los portales de viajes. Y lo peor de esta práctica absurda es que siempre encuentras ofertones a final de mes. Y cuando los puedes pagar son sádicamente caros.

Así que, un año más, me conformaré con acudir a las piscinas municipales, algún fin de semana en la Costa Brava, engordando este blog y algún que otro paseo a golpe de click por parajes extraordinarios, eso sí, en dos dimensiones.

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